Cardenales llegan al Vaticano: sorteo de habitaciones y toque de queda antes del Cónclave

Con el Cónclave a la vuelta de la esquina, el Vaticano comenzó a recibir a los cardenales de todo el mundo para participar en el proceso que elegirá al sucesor del papa Francisco. El evento, programado para el 7 de mayo, marca un momento crucial para los 1.400 millones de católicos y se vive con especial intensidad en la Ciudad Eterna.
Los purpurados se instalan en la residencia de Santa Marta, su hogar temporal durante el cónclave, donde además de participar en las ceremonias oficiales, mantienen discretos encuentros informales en los que comienzan a perfilarse alianzas y candidaturas. En los espacios comunes y durante las misas en San Pedro y las Congregaciones generales en el Aula Pablo VI, los cardenales aprovechan para conocerse mejor, fuera de los reflectores públicos.
La vida diaria en Santa Marta combina solemnidad y rutina. Según explicó el arzobispo Ignazio Sanna, las habitaciones se asignan por sorteo para evitar preferencias y conflictos. Aunque el edificio ofrece comodidades, la austeridad promovida por Francisco ha cambiado algunas tradiciones. Entre anécdotas, el arzobispo retirado Anselmo Guido Pecorari relató cómo un cardenal extranjero, sin saber que el minibar era de pago, acabó consumiendo todo su contenido y sorprendió al ver la factura.

Mientras cumplen sus deberes, algunos cardenales encuentran tiempo para distraerse. El cardenal español Santos Abril y Castelló, aficionado al tenis, no duda en pedir una “llamada urgente” para suspender el partido si la derrota es inminente, según bromea Pecorari.
Las “escapadas” forman parte del ambiente previo al cónclave. Tras las actividades religiosas, algunos se refugian en lugares como el Caffè dei Papi o restaurantes como La Rustichella y Marcantonio. Allí, fuera de los protocolos, los cardenales conversan libremente sobre quién consideran el más apto para ocupar la sede de Pedro. Para evitar precios inflados, muchos siguen el consejo de dejar en casa la vestimenta roja y el anillo cardinalicio.

Incluso pequeños gestos, como comprar un helado en la histórica Latteria Giuliani, pueden convertir a los cardenales en blanco de la devoción popular, como ocurrió recientemente cuando algunos fieles se arrodillaron para pedir bendiciones.
Santa Marta impone reglas estrictas: todos deben regresar antes de las 22:30, o solicitar permiso a la Guardia Suiza. En una ocasión, los cardenales Mario Zenari y Pecorari tuvieron que apresurarse tras una cena para no incumplir el horario.
Detrás de esta atmósfera distendida se esconde la complejidad del proceso electoral. Las conversaciones “informales” son en realidad fundamentales para tejer alianzas y consolidar consensos. Aunque los cardenales insisten en que el Espíritu Santo guía la elección, Pecorari admite que existe una especie de “campaña electoral” silenciosa.
La tensión es palpable, sobre todo entre aquellos considerados “papables”, en un momento clave para definir si la Iglesia seguirá la senda de apertura marcada por Francisco o retomará posiciones más tradicionales.
Infobae

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