Las cuatro P o trucos para padres desesperados
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SANTO DOMINGO. Pasados los meses de poco sueño y cuando el cambio de «pampers» deja de ser traumático en apariencia y olor, llega la etapa más temida: el niño comienza a comer como la gente y horror de horrores, descubrimos que ya sabe decir que no, que no abre la boca ni con una pala mecánica y la suegra amenaza con llevarse al pequeño porque «está claro que no van a saber criarlo».
Personalidad:
Tenga en mente que ese ser chiquitito, si bien tiene sus genes, también posee personalidad y gustos propios que evolucionan con cada nueva experiencia. En lugar de convertir la hora de comida en una batalla de voluntades que usted no va a ganar (y supongo que ya se ha dado cuenta), intente ser creativo y utilizar tácticas de no confrontación para explorar sus gustos.
¿Quiere algunas reglas?
– La regla de una mordida: así se asegura que esté expuesto a una variedad de sabores y texturas. No invierta sus energías en preparar comidas muy elaboradas si el público es muy joven. No van a apreciarlo en su justa medida.
– Incorpore el juego del color: tanto en comidas como en meriendas de todos los colores naturales posibles. Alabe la disposición del pequeño de querer probar nuevas cosas y entienda que algunas simplemente no les gustarán. Predique con el ejemplo.
Paciencia
Hacer que los niños coman lo que uno quiere es un reto diario y una carrera de obstáculos. En lugar de halarse los moños por el tiempo que se ha tomado en preparar un manjar que el niño no tocó, piense como adulto y recuerde que su hijo está rechazando la comida, no a usted. Si cree que su enfado alcanzará niveles peligrosos, salga del comedor y pídale a otra persona que lo intente por usted.
Positivismo:
Los niños pequeños exploran el mundo interactuando con su ambiente más inmediato. Y en muchos casos, lo que «intentan» comprender termina en la boca. Teniendo eso en mente, haga a todos un favor y prepare comida adecuada para la edad de su hijo en cantidad y proporción y déjelos estar. A medida que crecen, aprenderán a apreciar la comida en otro nivel. Aproveche para enseñarlos a discriminar olores, sabores y texturas.
Haga del momento de la mesa una experiencia positiva y mientras comparten, tome el tiempo de enseñar modales. No permita que enciendan la televisión, ni que hagan otras actividades paralelas. El tiempo de compartir en familia es sagrado.
Persistencia: ¿Cuántas veces son muchas veces cuando se trata de nuestros hijos? Si todavía grandes hay que recordarles lo elemental… Con la comida pasa igual. Si su niño es de los que no quieren de nada, siga intentando y no se sienta mal si lo «engaña», que el tomate es el mismo en ensalada que en salsa de espaguetis. Lo importante es el nutriente, no cómo se lleve a la boca.
¿Otro truco? Limite las meriendas para que el muchacho esté realmente hambriento cuando lo siente en la mesa y no tenga opciones para decir que no.

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