Menor preso ingiere tornillos, agujas y trozo de metal; pagan US$1 millón en atención médica

CARCEL USA

CHICAGO (AP) — Un talentoso basquetbolista adolescente que no pudo garantizar una fianza para obtener libertad por un delito menor de robo terminó ingiriendo tornillos, agujas, un trozo de metal de 10 centímetros (cuatro pulgadas) y otros objetos mientras estuvo tras las rejas, lo que llevó a la institución carcelaria a pagar más de un millón de dólares en atención médica para él.

Autoridades de la Cárcel del Condado Cook dijeron al periódico Chicago Tribune (http://trib.in/1eoasgb )que el caso del joven de 17 años Lamont Cathey pone de relieve los peligros de institucionalizar a jóvenes impresionables, algunos de los cuales tienen problemas mentales.

“Este caso es para mí un ejemplo perfecto de la falla del sistema de justicia penal”, dijo al diario la directora ejecutiva de la cárcel, Cara Smith. “Ha sido un caso devastadoramente triste y muy frustrante”.

El periódico reportó que la oficina del jefe de policía trasladó al adolescente de Chicago a una sección nueva de la cárcel la semana pasada y que al parecer su condición ha mejorado.

Cathey ha estado en prisión 16 meses después de su arresto por presuntamente haber robado dinero de una caja fuerte de una pizzería, después de que no pudo garantizar una fianza de 5.000 dólares en efectivo.

Después de que fracasó el año pasado un acuerdo con la fiscalía que se suponía le permitiría asistir a un campamento militar, el joven comenzó a ingerir objetos. Esto incluyó tachuelas, tiras de cuero e incluso partes de un aparato médico que él había desmantelado.

“Él estaba literalmente comiéndose la cárcel”, dijo Smith.

Cathey ha sido hospitalizado dos decenas de ocasiones y ha sido sometido a varias cirugías para retirar objetos de su tracto gastrointestinal.

El adolescente acumuló otros cargos estando en prisión, incluido un empujón a un guardia. Ello podría significar para él tiempo en una prisión estatal.

Kenneth Barber, hermano de Cathey, dijo que él nunca mostró signos de depresión antes de ser encarcelado. Había estado matriculado en una escuela secundaria alternativa, donde los entrenadores de baloncesto llamaban al adolescente de 2,02 metros de estatura (seis pies, ocho pulgadas) “Big Boy”.

Sus abogados han dicho en documentos presentados en la corte que él necesita urgentemente tratamiento psiquiátrico. Eso no es extraño para la Cárcel del Condado Cook, donde casi una cuarta parte de sus 8.000 presos presenta una enfermedad mental, señalaron funcionarios de la prisión, quienes desde hace mucho tiempo han clamado por más recursos para atención de salud mental.

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